El 15 de marzo se cumplen 25 años del fallecimiento de quien fuera en su momento una de las personalidades más importantes de la vida política de este país: Wilson Ferreira Aldunate. Sin lugar a dudas uno de los principales dirigentes del Partido Nacional de todos los tiempos y el principal caudillo civil de su partido desde la década de 1970 hasta su temprana desaparición física en el año 1988.
Me atrevería a decir -y creo que en eso coincidimos, sin distinción de banderías- uno de los personajes más influyentes en la vida política del Uruguay del siglo pasado. Carismático. Emblemático. En su persona se concentraba lo mejor del ser uruguayo.
Su trayectoria política comienza mucho antes.
Su infancia transcurre prácticamente en Cerro Largo, Melo. En 1933, ya adolescente, él y su familia se trasladan a Montevideo instalándose en la calle Río Branco entre Soriano y Canelones (por tal motivo dicha calle lleva desde hace años su nombre).
En el mismo año tiene lugar el golpe de estado de Terra y la consiguiente ruptura institucional. A partir de ese momento, según algunos, es que comienza gradualmente su militancia política.
En aquellos años era estudiante del Liceo Rodó. Tiempo después ya pronuncia su primer discurso político en el Ateneo. Una de las personalidades presentes: el gran líder socialista Emilio Frugoni.
Más adelante comienza su tarea periodística. Escribe en “Marcha”, en una época en la cual dicha publicación aún estaba vinculada al Partido Nacional.
En 1954 ya había ingresado al parlamento –por seis meses- como legislador suplente. En 1958 el Partido Nacional ganó las elecciones luego de 90 años de predominio colorado. Wilson pasó a ocupar una banca en la Cámara de Diputados por el Departamento de Colonia.
En 1962 fue electo senador. Termina el año habiendo sido designado Ministro de Ganadería y Agricultura. Formula un proyecto de reforma agraria. Habrá de realizar una gran gestión.
Hasta el año 1966 el Partido Nacional sigue al frente del gobierno y Wilson continuará desempeñándose al frente del Ministerio antes mencionado. Hay quienes afirman que es a partir de ese momento que comienza realmente su liderazgo político.
En 1966 retoma el gobierno el Partido Colorado. Wilson fue electo senador por su partido. Se caracteriza –en especial luego de la muerte del Presidente Gestido y a partir del gobierno de su sucesor- por ser un gran defensor de los derechos ciudadanos al mismo tiempo que un crítico implacable del gobierno de Pacheco. Fueron célebres las interpelaciones parlamentarias de aquellos años en varias de las cuales Wilson tuvo un destacadísimo papel.
Ya era el gran líder del Partido Nacional. Funda el movimiento “Por la Patria” y en noviembre de 1971 es candidato a las elecciones. Ya se respiraba en el ambiente un clima de violencia social.
Las elecciones, de resultado polémico y cuestionadas por muchos hasta hoy, fueron sumamente parejas y Wilson no pudo ganar por apenas 13000 votos de diferencia.
Finalmente el 27 de junio de 1973 ocurre lo que se veía venir. Golpe de Estado. Aún resuenan las palabras de Wilson que, en el Parlamento, pocas horas antes del golpe expresa fervorosamente: “Me perdonarán que yo, antes de retirarme de sala, arroje al rostro de los autores de este atentado el nombre de su más radical e irreconciliable enemigo que será, no tengan duda, el vengador de la República: ¡Viva el Partido Nacional!”
En 1976 se exilia en Argentina. Quisieron asesinarlo –además de Gutiérrez Ruiz y Michelini- también a él. Providencialmente salvó su vida. Nuestro conocido Edy Kaufman tuvo mucho que ver con ello. A partir de ese momento comienza Wilson un combate constante y tenáz contra el régimen dictatorial que imperaba en el país.
Concluida la dictadura retorna en junio de 1984 al Uruguay desde Buenos Aires. Aún no queda en libertad. Por el Pacto del Club Naval no pudo participar en las elecciones de 1984.
Luego de las mismas se lo libera definitivamente. De allí en más su postura jamás será revanchista –nunca lo fue- sino ampliamente constructiva. Apoya al gobierno colorado democráticamente electo. Su postura se sintetiza en un término por él especialmente “concebido”: gobernabilidad. La misma se manifestó de muchas formas. Su postura conciliadora se mantuvo hasta el final.
El 15 de marzo de 1988 falleció a los 69 años de edad. Fue objeto de reconocimiento, como no podía ser de otra forma, de todos los partidos políticos. Sepultado con honores de Ministro de Estado.
Finalmente, en cuanto a la relación y actitud de Wilson hacia el pueblo judío y al Estado de Israel, quiero citar textual a su hijo, nuestro querido amigo Juan Raúl Ferreira y algún otro testimonio: “Con el paso de los años he llegado a comprender el significado de lo que solía decir mi padre, Wilson Ferreira Aldunate cuando afirmaba que ‘Un uruguayo judío para ser un buen uruguayo, ante todo debe ser un buen judío’. Es decir para ser un buen judío hay que vivir de determinada manera. El que así vive no podría más que ser un buen uruguayo”.
“Hay en verdad muchos documentos que avalan esa devoción tan especial que Wilson sentía por la cultura judía, por sus símbolos, esa solidaridad inclaudicable por los padecimientos de la Shoa o por la suerte del Estado de Israel. En los relatos de su viaje por Israel o en sus conversaciones con figuras de la colectividad judía-uruguaya, Wilson expresó en innumerables ocasiones, su amistad genuina con Israel, su visión de paz justa para el cercano Oriente. Yo creo que esa adhesión por el pueblo judío y sus causas le venían de su militancia republicana y antinazi y de su fervor en la denuncia del genocidio del Holocausto”.
Se cumplen 25 años del fallecimiento de una personalidad excepcional. De un uruguayo excepcional.
Pasa el tiempo y su figura se agiganta.
A Wilson lo recordaremos siempre.
Por Lic. Rafael Winter (Rufo)
Wilson Ferreira Aldunate. A 25 años de su fallecimiento
15/Mar/2013
Lic. Rafael "Rufo" Winter